Category: Reseñas

El FANTASISTA. Hernán Rivera Letelier.

La novela El fantasista (Alfaguara, 2006) presenta un mundo narrativo centrado en los últimos días de la oficina salitrera de Coya Sur y en la preparación del último partido de su equipo de fútbol contra sus rivales de siempre, los “cometierra” de la oficia de María Elena.  Durante el tiempo previo al esperado juego, a la oficina salitrera llega un extraño personaje, Expedito González, el Fantasista, que se convierte en la esperanza para el pueblo. Para los locales, que  nunca han podido ganar a sus rivales de María Elena, ese arribo les da esperanzas para conseguir el triunfo tan anhelado: “Era un virtuoso de la pelota. La tocaba diestramente con ambos pies, con la cabeza, con los hombros, con el pecho, con las rodillas; en un gesto técnico exquisito le daba de taco, de empeine, de revés”

La preparación para el partido final, junto a las costumbres y las historia íntimas y familiares de los personajes, ocupa la totalidad de la obra.  Los cantantes de moda, las películas y los actores del momento emergen en la narración, junto a las alusiones a la dictadura cívico militar de la época: “Aunque no teníamos a los soldados patrullando las calles con sus metralletas, como sucedía en las ciudades grandes, sentíamos en cambio la sensación asfixiante de ser vigilados día y noche, como si estuviéramos viviendo en una cárcel abierta”.

La narración central es en primera persona y la hace un habitante del lugar, demostrando un gran conocimiento de la historia del pueblo y de sus residentes. La inserción de una segunda voz narrativa, aparentemente destinada a hacer reír,  aporta a la obra una dimensión mayor. Cachimoco Farfán es un ex estudiante de medicina, trastornado de tanto estudiar –según la explicación popular- , que con expresiones propias de la medicina y con un tarro como micrófono, narra los partidos:  “¡Buenos días, señoras y señores; buenos días, amables oyentes; pacientes todos, muy buenos días. Les habla como siempre su amigo Cachimoco Farfán, el más rápido relator deportivo de Coya Sur, el más rápido relator de la pampa salitrera, fenilanina hidrolasa y la purga que me parió, el más rápido relator del mundo después del maestro Darío Verdugo, por supuesto que sí,..”

 El personaje no es solo un loco que narra el fútbol. Sirve al autor para validar su obra como construcción hecha de lenguaje que permite crear y mantener en el tiempo la realidad: Pero lo cierto es que Cachimoco Farfán —y en esto coincidíamos todos, sin excepción— nos enseñó algo que aprendimos y asimilamos como una verdad absoluta: que un gol o una buena jugada, como cualquier asunto importante en esta vida, no estaba completo si no se relataba, si no se contaba, si no se narraba y recreaba con la magia de las palabras”. 

Quizá estas últimas palabras aportan la clave de esta novela. La preparación de un partido de fútbol, algunas pequeñas historias de ciertos personajes y el encuentro deportivo final, son los últimos acontecimientos de un pueblo destinado a desaparecer.  Y la palabra, la del loco relator deportivo y la del narrador principal de la novela, impedirá que ese espacio, ese tiempo, esas vivencias desaparezcan.

De esta forma, el autor se transforma, también, en una fantasista. A partir de una anécdota sencilla, hace malabares con el lenguaje, tal como el Fantasista lo hace con la pelota de fútbol. Mezcla narradores, crea personajes, vincula la acción con el contexto histórico sin panfletarismos innecesarios, describe costumbres y estilos de vida de la pampa, combina registros de habla. Entre todo esto, emerge la palabra que crea y fija un mundo narrativo que mantiene en la memoria un mundo histórico que desaparece.





“Emerge la palabra que crea y fija un mundo narrativo que mantiene en la memoria un mundo histórico que desaparece.”

EL AMANTE JAPONÉS. Isabel Allende.

La novela de Isabel Allende, El amante japonés (Plaza y Janes editores, 2015), se construye en torno a dos personajes femeninos, Alma Belasco e Irina Bazili. Ambas llegan, con distintas motivaciones, a un especial hogar de ancianos. Una ingresa como residente y la otra, como cuidadora. Cada uno de ellas arrastra consigo una historia oculta que el cariño y la amistad logran sacar a la luz.

Alma, la protagonista, una anciana distinguida y con una gran fortuna, ofrece un trabajo como secretaria personal a Irina, una joven inmigrante de Moldovia que apenas subsiste con lo que gana en la residencia para ancianos. La bondad de la joven y el buen trato para con los residentes del hogar, logran conquistar a la anciana acostumbrada a mandar y a mantener distancia con quienes no pertenecen a su círculo social.

La cercanía de la muerte motiva a Alma a poner en orden sus recuerdos estampados en cartas y antiguas fotografías. Para esto contrata a Irina y acepta la ayuda de su nieto, Seth. A través de este proceso, surgen su infancia de inmigrante desde Europa a Estados Unidos escapando de la guerra, su vida con la familia Belasco, su amor oculto con Ichimei, un jardinero japonés, su matrimonio con el hijo de los Belasco y su maternidad, entre otras facetas de su existencia. Asimismo, en forma paralela, Irina recuerda su infancia, su llegada al país y los abusos a los que fue sometida.

La intensidad del amor y de la pasión entre Alma y el jardinero japonés es el trasfondo de toda la obra. Desde los ocho años, cuando se conocen en la mansión de los Belasco, hasta la muerte de ambos, pasados los 80 años, ese amor no se extingue. Aunque ambos se casan con otras personas, movidos por las propias exigencias de cada una de sus  culturas, los encuentros –y desencuentros- se sucenden a través de toda la novela.

La narración contruida por Isable Allende tiene los saltos temporales necesarios para mostrar las distintas etapas en la vida de la anciada, de Irina y de Ichimei.  A través de los textos, en los que se atisvan reminicencias del realismo mágico, especialmente en el uso de hipérboles, la autora logra crear ambientes y atmóferas intimistas con personajes que, rápidamente, son “queribles”. Destacan la bondad y sencillez de Isaac Belasco, el “patriarca” de la familia que recibe en Estados Unidos a la protagonista, y la sabiduría y templanza de Takao Fukuda, el jardinero padre del amante de Alma. Junto a estos, el niño, el joven, el hombre y el anciano Ichimei Fukuda es descrito como un ser sensible, delicado y con una gran libertad interior. A través de las cartas que le escribe en distintos momentos de su vida, el amante japonés muestra su interior lleno de sabiduría.

En síntesis, la novela, con un estilo depurado y con frecuentes reflexiones acerca de la vejez, el amor, el arraigo y el desarraigo, se eleva por sobre el relato centrado en la infidelidad.  La historia de amor devela la incapacidad de compartir vitalmente con otro ser distinto.  Se le puede aceptar, respetar y hasta querer, pero no compartir la vida. Esto lo entiende y lo sufre Alma que no se atrevió a dar el paso. Cuando se decide, ya es demasiado tarde.




La historia de amor devela la incapacidad de compartir vitalmente con otro ser distinto.  Se le puede aceptar, respetar y hasta querer, pero no compartir la vida.

REVOLUCIÓN EN CHILE. Guillermo Blanco y Carlos Ruiz-Tagle.

Revolución en Chile es una antigua novela chilena, publicada en Santiago, en 1962, por la Editorial del Pacífico. Desde su aparición hasta 1973, tuvo 21 ediciones. Ese año, después del golpe de estado, fue prohibida. El título fue considerado que se prestaba para equívocos y, seguramente, algunas opiniones sobre los militares no gustaron a los censores.

Los autores, Guillermo Blanco y Carlos Ruiz-Tagle, “traducen” las notas de la periodista neozelandesa, Sillie Utternut, enviada por una pequeña revista de Estados Unidos a cubrir una posible revolución en Chile. El ambiente político de la campaña presidencial de 1958 hace vaticinar –en la mirada de los norteamericanos y europeos- la “inminente” rebelión. “Ánimos exacerbados. Grandes manifestaciones de masas para cualquier candidato. Probable intervención del ejército. Revolución se espera de un momento a otro. Militar, comunista o de extrema derecha”.

La distraída protagonista, llega con la visión de que Chile es un país casi salvaje. La comprensión literal del significado de las palabras y la interpretación de los gestos y las costumbres desde su particular visión de la realidad, aumentan su temor. El “malón” (una fiesta) lo entiende como un ataque de araucanos (“araucarias” los llama ella). Frente a la huida de los manifestantes por la presencia de un “guanaco”, entiende que un animal salvaje se pasea por las calles de la capital. Lo mismo sucede cuando ve a un hombre tirado en la calle y le explican que es producto del “gorila” (barrachera).

Al analizar el ambiente político del país, la protagonista percibe una serie de contradicciones que no logra entender. Las estrategias de alianzas de los distintos grupos políticos, las divisiones de la iglesia católica y las exageradas y distintas reacciones de los medios de comunicación, la dejan llena de interrogantes.

Los candidatos de esa elección presidencial eran, para ella, “Chiche” (Allende), “Erizzando” (Alessandri), “Soufflé” (Bossay) y “Feín” (Frei).  “A última hora, supongo que por influencia de los pérfidos jesuitas, tan amigos de meterse en política, se inscribió entre los candidatos un cura, un tal Zamorano, de la Orden de San Catapilco”. Las concentraciones, la propaganda de cada uno y las opiniones de los partidarios de uno u otro postulante a la Presidencia, acrecientan su incertidumbre y sensación de que está a las puertas de una revolución.

Para completar este cuadro caótico, según la supuesta autora, el mismo día de las elecciones, faltando pocos minutos para las seis de la tarde, se produce un terremoto en la zona central de Chile. Ella visitaba las mesas receptoras de votos ubicadas en el Instituto Nacional, cuando ese hecho ocurre. Los muros se tambaleaban, caían trozos de estuco de las paredes. Horrorizada por el bombardeo —pues no podía ser otra tosa—, corrí a otra sala, donde la situación era más o menos similar. Las mujeres bramaban como locas, mientras la tierra se sacudía en convulsiones atroces.

—¡Revolución! ¡Revolución! —grité, reconociendo ahora el vibrar de los tanques sobre la calzada, afuera.”

Al día siguiente, Sillie Utternut vuelve a su país. El temor a la “revolución” y a ser detenida por un supuesto contrabando de “cabezas reducidas” -un engaño de un taxista-, la hacen salir de Chile. Sin embargo, la premura de su huida no le impide percibir el cariño que le manifestaron los chilenos:

“Resonaban en mis oídos las últimas palabras que oyera a ese bravo Catete (el taxista que la engaña), el saludo musical y exótico, que me parecía algo así como el equivalente del aloha de Hawaii:

—Ate a merda, gringa de miéchica.”

A través de la trama divertida y llena de equivocaciones, los autores diagnostican la sociedad de esos años y se ríen de las contradicciones y estilos de vida de los chilenos. Es una crónica social y política que permite comprender –con cierta actualización de algunas palabras- que “nada nuevo hay bajo el sol”.







A través de la trama divertida y llena de equivocaciones, los autores diagnostican la sociedad de esos años y se ríen de las contradicciones y estilos de vida de los chilenos.

HOMBRES BUENOS. Arturo Pérez-Reverte.

El narrador de la novela Hombres buenos (Alfaguara, 2015), el académico Arturo Pérez-Reverte, descubre casi por casualidad, en el fondo de la biblioteca de la Real Academia de la Lengua Española , los veintiocho tomos de la  primera edición de la Encyclopédie, ou dictionnaire raisonné, de D’Alembert y Diderot.  Este encuentro despierta su curiosidad e inicia una investigación para develar el origen de la presencia de esa obra, publicada en Francia entre 1751 y 1772 y prohibida en España desde esos mismos años. En torno a esta pesquisa, el autor construye una narración con una fuerte apariencia de verosimilitud, sustentada en abundantes datos y documentos, algunos ciertos y otros inventados. “Esta novela se basa en hechos reales, con personajes y escenarios auténticos, aunque buena parte de la historia y de sus protagonistas responde a la libertad de ficción ejercida por el autor.”

Con una novedosa estructura narrativa, se relata la historia de dos académico de la lengua que, a fines del siglo XVIII, deben viajar de Madrid a París  para conseguir la Enciclopedia encontrada por el autor en el siglo XXI. El bibliotecario don Hermógenes Molina y el almirante don Pedro Zárate, reciben el encargo del resto de los integrantes de la Real Academia Española (RAE) de conseguir, de forma casi clandestina, los 28 volúmenes de la obra de los filósofos franceses. “Se trata de un viaje largo, azaroso. Extraña y noble aventura propia de su prodigioso tiempo: traer las luces, la sabiduría del siglo, hasta aquel humilde rincón de la España culta, su Real Academia. Y eso va a intentarse mediante dos hombres buenos, íntegros, arriscados, que viajarán a través de una Europa cada vez más revuelta, donde los viejos tronos se tambalean y todo parece cambiar demasiado deprisa.”

Los dos académicos elegidos para esa misión son dos personajes muy distintos entre sí. Uno, don Pedro Zárate, marino retirado, es librepensador e impulsor de todas las ideas progresistas de la época, reservado, sobrio y elegante. Físicamente es delgado y alto. Don Hermógenes Molina, bibliotecario de la Academia y latinista brillante, es devoto católico, conservador, buen conversador y de vestir un tanto descuidado. Físicamente es bajo y grueso. Sin embargo, las largas horas juntos, las conversaciones francas, pero respetuosas, y las situaciones límite que les toca vivir, hacen aflorar una aprecio profundo y fraterno entre ellos. Alcanzan una amistad similar a la lograda entre don Quijote y Sancho.

Mezclando las vicisitudes de los dos académicos con la explicación de cómo va construyendo la historia, el autor presenta las costumbres y la sociedad de París poco antes de la revolución de 1789. Asimismo, la conspiración de dos académicos –integrantes, también, de la RAE- para evitar que la Enciclopedia sea adquirida agrega expectación  y misterio en el relato.

La obra, más allá de la narración de una atractiva y bien contada historia, es un intento por expresar la constante búsqueda del progreso humano por medio de la razón. Tal como expresa el autor: “En España, en tiempos de oscuridad, siempre hubo hombres buenos que, orientados por la Razón, lucharon por traer a sus compatriotas las luces y el progreso. Y no faltaron quienes intentaban impedirlo.”

 

 

 

 

 

“En España, en tiempos de oscuridad, siempre hubo hombres buenos que, orientados por la Razón, lucharon por traer a sus compatriotas las luces y el progreso. Y no faltaron quienes intentaban impedirlo.”

EL HOMBRE QUE AMABA A LOS PERROS. Leonardo Padura.

En medio de la desolación producida por la enfermedad y muerte de su mujer, en 2004, Iván Cárdenas Maturell, periodista y escritor caído en desgracia, revela las conversaciones que tuvo con un enigmático personaje, en 1977, en una playa cercana a La Habana. El misterioso hombre, un extranjero que acostumbraba a pasear junto a dos galgos rusos, le entrega antecedentes desconocidos sobre la muerte de Liev Davídovich Trotsky (Trotski, en la novela).  Iván lo bautiza como “el hombre que amaba a los perros”.

Padura da forma a esta novela a partir de los datos biográficos de Trotsky y de Ramón Mercader, su asesino. Desde la conciencia de los personajes principales, las acciones y los espacios se configuran como una constante reflexión acerca de la existencia humana. El miedo, que surge desde la propia historia de cada uno de los personajes, se sitúa en el centro de los acontecimientos.

Las revelaciones de Julián López, el “hombre que amaba a los perros”, plasman un mundo de mentiras e intrigas originadas en la Unión Soviética, bajo la dictadura de Stalin.  La manipulación de los defensores de la República en la guerra civil española, la organización y asesinato de Trotsky y las purgas en la Rusia después de la revolución, desfilan en las páginas de la novela. Asimismo, la propia vida del narrador con sus vínculos, sus sueños y sus desengaños de la vida en Cuba son parte de la trama.

A través de la interioridad de los personajes, el lector tiene acceso a los miedos, incertidumbres y reflexiones de Liev Davídovich Trotski, de Ramón Mercader –su asesino- y de Iván, el propio narrador. Este recurso permite un acercamiento matizado a las decisiones y valores de cada uno, desdibujando el límite entre la maldad y la bondad. Junto a ellos, la presencia –o la mención- de otros personajes refuerza el intento de verosimilitud de la novela. Entre estos, se mencionan aLenin, Stalin, Franco, Hitler. También tienen participación en algunos acontecimientos, más o menos importantes, los artistas y escritores Frida Kahlo, Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, André Breton, Malraux , entre otros.La relación entre la ficción y la realidad es un elemento que el autor resuelve bien. Según sus palabras, se ajustó “con toda fidelidad posible (recuérdese que se trata de una novela, a pesar de la agobiante presencia de la Historia en cada una de sus páginas) a los episodios y la cronología de la vida de León Trotski en los años en que fue deportado, acosado y finalmente asesinado, y (…) de la vida o de las vidas de Ramón Mercader, construida(s) en buena parte sobre el filo de la especulación a partir de lo verificable y de lo histórica y contextualmente posible”.

En síntesis, el relato de los acontecimientos que rodearon al asesinado de Trotsky permite acceder a situaciones que revelan los claroscuros de la existencia humana, capaces de torcer los más altos ideales. “Dediqué mañanas, tardes, noches y madrugadas a gestar, dar forma y sacarme de dentro esta historia ejemplar de amor, de locura y de muerte que, espero, aporte algo sobre cómo y por qué se pervirtió la utopía e, incluso, provoque compasión” (Padura).

“Padura da forma a esta novela a partir de los datos biográficos de Trotsky y de Ramón Mercader, su asesino. Desde la conciencia de los personajes principales, las acciones y los espacios se configuran como una constante reflexión acerca de la existencia humana.”