Presencia del Libro de Dios. En el día internacional del libro

Claudio Jorquera Aceituno

Kairós News (kairosnews.info). 23 de abril, 2021

La UNESCO ha definido el 23 de abril como el Día Internacional del Libro y del Derecho de Autor. Este artículo aprovecha la oportunidad para reflexionar sobre el libro donde reposa nuestra fe, junto a la tradición de la Iglesia: La Biblia.

El día 23 de abril, promovido por la UNESCO, se celebra el Día Internacional del Libro y del Derecho de Autor. Ese día, en 1616, supuestamente, murieron Miguel de Cervantes, William Shakespeare e Inca Garcilaso de la Vega (escritor nacido en el territorio actual de Perú, en 1539).

Se aceptó esa fecha aunque no corresponde exactamente a la realidad histórica. Cervantes murió el 22 de abril y fue enterrado al día siguiente. Shakespeare murió el 23 de abril del calendario juliano, correspondiente al 3 de mayo del calendario gregoriano, usado en España y actualmente en todo Occidente.

Días más, días menos, lo cierto que esta es una fecha propicia para reflexionar sobre el libro donde reposa nuestra fe, junto a la tradición de la Iglesia: La Biblia.

La Biblia

El primer libro impreso en Europa, en 1455, fue la Biblia y su nombre significa, en griego, “los libros”. Desde esa primera impresión, se calcula que ha sido la obra más publicada, con más de cinco mil millones de copias, de acuerdo con la compañía Guinness World Records. Aunque estas cifras pueden no ser del todo confiables por la gran cantidad de impresores y editores existente a lo largo de la historia, lo cierto es que se acepta que este es el texto de mayor distribución.

Sin embargo, hasta en Concilio Vaticano II (1962 -1965), la Biblia era un libro prácticamente desconocido entre los católicos. Casi nadie lo tenía en sus casas o era capaz de leerla. La Iglesia jeráquica había abandonado la enseñanza profunda y contextualizada de los Evangelios y de las Sagradas Escrituras en general.

Concilio Vaticano II

El Concilio Vaticano II marcó un nuevo modo de relacionarse con la Palabra de Dios. Definitivamente es el “concilio de la Biblia” porque señaló la centralidad que debe tener la Palabra de Dios en la vida de la Iglesia y del creyente. Definió al texto sagrado como el alma de la teología e inspiradora de toda la vida cristiana.

Una de la cuatro constituciones (documentos de importancia mayor) de ese encuentro eclesial, Dei verbum, sobre la divina revelación, es explícita acerca de la importancia de este libro en la vida de la Iglesia.

“Es necesario, por consiguiente, que toda la predicación eclesiástica, como la misma religión cristiana, se nutra de la Sagrada Escritura, y se rija por ella. Porque en los sagrados libros el Padre que está en los cielos se dirige con amor a sus hijos y habla con ellos; y es tanta la eficacia que radica en la palabra de Dios, que es, en verdad, apoyo y vigor de la Iglesia, y fortaleza de la fe para sus hijos, alimento del alma, fuente pura y perenne de la vida espiritual «. (DV, 21)

“De igual forma el Santo Concilio exhorta con vehemencia a todos los cristianos en particular a los religiosos, a que aprendan «el sublime conocimiento de Jesucristo», con la lectura frecuente de las divinas Escrituras. «Porque el desconocimiento de las Escrituras es desconocimiento de Cristo». (DV, 25)

Al poner a las Sagradas Escrituras en el centro de la vida de la Iglesia, el Concilio propone

una relectura bíblica de la revelación de Dios en la historia de la salvación.

“Dios invisible habla a los hombres como amigos, movido por su gran amor y mora con ellos, para invitarlos a la comunicación consigo y recibirlos en su compañía. Este plan de la revelación se realiza con hechos y palabras intrínsecamente conexos entre sí, de forma que las obras realizadas por Dios en la historia de la salvación manifiestan y confirman la doctrina y los hechos significados por las palabras, y las palabras, por su parte, proclaman las obras y esclarecen el misterio contenido en ellas”. (DV,2)

El Libro del Pueblo de Dios

Esta centralidad bíblica tiene gran impacto en América Latina. Se despierta el interés popular por la Biblia y se comprende la acción salvífica de Dios en la historia. Las Comunidades Cristianas de Base se multiplican y tienen como eje la lectura de este libro que les permite comprender el mensaje de Dios para la historia personal y comunitaria. Las Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano de Medellín (1968) y Puebla (1979) refuerzan esta nueva eclesiología e impulsan el compromiso de los católicos con los cambios sociales, desde esta nueva lectura de la Palabra de Dios.

La Biblia pasa a ser el Libro del Pueblo de Dios, desde el que surge la opción preferencial por los pobres. En el método “ver-juzgar-actuar” los textos bíblicos iluminan la realidad y permiten vivir la experiencia de Jesús y de su Reino en medio de la comunidad.

El primer libro impreso en esta parte del mundo estuvo “oculto” durante siglos para la mayoría de los cristianos católicos. Hoy, la Iglesia enseña que debe ser el fundamento de cada una de las expresiones de nuestra fe: la que se conoce, la que se ora, la que se celebra y la que se vive.

En distintos países hay días especiales dedicados a la Biblia; en Chile, es todo el mes de septiembre. No obstante esas fechas, el Libro del Pueblo de Dios también, este 23 de abril, merece ser recordado. No solo fue el primer libro impreso en occidente, sino que es -o debería ser-, sobretodo, el fundamento de la vida cristiana.